¡El paragüero se arreglan, sartenes, calderos, sillas y pucheros! ¡El paragüero Señora!

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arcgisa


Con el tintineo de jarrillos de latas se escuchaba este sonido por las calles y plazas de la ciudad, y de casi toda España. Oficios que nos han abandonado nuestras vida tras la precariedad y la hambruna y la felicidad del que tiene mucho con lo poco que tiene. En unos días donde el viento hizo que el utensilio para salvaguardarnos del agua  nos abandonaran casi al instante de salir a la calle, hoy extrañamos los oficios y los gritos del ayer que eran tan habituales como el ¡Peregil, mejorana, Hierbabuena!, ¡Al higo chumbo, frescos y gordos! o ¡Aflilaooó!.

En una época de consumismo en el que tienes lo que vales y «los paraguas de un solo uso» de las tiendas orientales han dado al traste con el remiendo y la amortización de lo comprado por uno nuevo al instante.

Hoy a algunos les cuesta llevar a un contenedor el paraguas tras su fracasado intento de salvaguardarnos del agua y la cabezonería de querer que una escualida tela con bastón y varillas aguante más que la un árbol de Los Junquillos.

¡Con temporal capote y chubasquero y el paraguas para el aguacero!