Un linense de 16 años coloca un satélite en el espacio

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Democratizar el espacio y crear una red de telecomunicaciones abierta. Este es el objetivo de Julián Fernández, un joven linense que con 16 años se propone lanzar un satélite al espacio. “La industria aeroespacial es muy cerrada y poco accesible. Esto es lo que queremos cambiar”, explica a La Calle Real.

La capacidad de inventar, idear y soñar bien alto siempre ha sido una habilidad, casi innata, de este joven y brillante linense. Cuando tan sólo era un niño construyó su propio simulador de vuelo Boeing 737 y desde muy pequeño siempre le ha interesado la ingeniería aeroespacial. Estudiaba en el Colegio Internacional de Sotogrande hasta que hace dos años se mudó a Madrid. En estos momentos estudia 4º de la ESO de la rama de ciencias.

Pero Julián no es un estudiante cualquiera, sino que ahora trabaja en el lanzamiento de un picosatélite, FossaSat-1, el más pequeño de España, desarrollado por Fossa Systems; una asociación sin ánimo de lucro que él mismo ha puesto en marcha junto a un grupo de jóvenes de otros países. Él es el líder del proyecto, que tiene su sede en Madrid y que cuenta con socios colaboradores fuera de España. “Somos una agrupación de jóvenes estudiantes que nos conocimos por Internet hace aproximadamente un año, a través de un foro online, y que nos propusimos la idea loca de lanzar un satélite para facilitar el acceso al espacio y hacerlo de la manera más barata posible”.

Y es que la reducción de costes es uno de los aspectos más revolucionarios de este proyecto. “Necesitamos 1.000 euros para desarrollar el satélite y 25.000 para lanzarlo”. Para ello han puesto en marcha una campaña de crowdfunding que lleva recaudado más de 1.700 euros con un objetivo de 30.000.

“El apoyo que recibimos nos llega a través de donaciones particulares y privadas. Ya tenemos el depósito pagado, por lo que el lanzamiento está asegurado. Creemos que este proyecto es de utilidad pública y es una pena que en España no se apoye tanto este tipo de trabajos“, comenta.

Tanto Julián, como el resto de sus compañeros de proyecto, insisten en que se trata de “un trabajo abierto en el que cualquier persona puede involucrarse. Lo que hacemos no tiene fines comerciales, sino que hemos diseñado un proyecto desde cero y para compartir con toda la ciudadanía. Nuestra máxima es democratizar el espacio y hacerlo de la forma más barata posible, reduciendo para ello el tamaño del satélite”.

Este mini satélite dispondrá además de Internet, el Internet de las cosas, que implica una conexión abierta, gratuita y a muy baja velocidad, con una cobertura diaria de entre 10 y 20 minutos. “La idea es construir una red de estos satélites y conectarlos entre ellos”, añade Julián.

El satélite se encuentra prácticamente finalizado, a falta de realizar las pruebas de vibración y termovacío en una universidad colaboradora de Madrid. El ensayo final será en una cámara limpia. “Queremos lanzar el satélite en pocos meses, para que esté funcionando en octubre”.

Entre nuevas ideas y proyectos, charlas y conferencias, Julián tiene tiempo para visitar La Línea y, como no, para echar de menos esta tierra. “Lo que más extraño es la buena actitud y el humor de nuestra gente. El calor de la gente del sur se echa mucho de menos“.

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