Miguel Montilla y su historia de amor nudista con una joven crudivegana

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Su nombre es Miguel Montilla, es de La Línea y estos meses ha sido uno de los protagonistas del programa ‘Donde menos te lo esperas’, emitido en la cadena de televisión Cuatro, y que consiste en un reality sobre la búsqueda del amor en circunstancias muy poco corrientes. Entre ellas, en la que se ha visto envuelto este linense, conquistar a Sandra, una joven de 26 años nudista, crudivegana y defensora de lo austero; vive en una casa de piedra en el bosque que mide 20 metros cuadrados. El programa, compuesto por ocho capítulos, celebró este pasado viernes su gran final. Una final en la que el linense se impuso a otros participantes. Y aunque Sandra lo eligió entonces como su pareja (el programa fue grabado hace meses), en estos momentos no mantienen una relación sentimental aunque sí conservan una buena amistad.

Cinco han sido las historias protagonistas de ‘Donde menos te lo esperas’. Una de ellas la de Sandra y sus tres pretendientes: Chencho, un mexicano que vive en Ibiza; Jony, un italiano con residencia en Tenerife; y Miguel, de La Línea. Para conquistar a Sandra, Miguel y sus otros dos compañeros, también rivales, han vivido durante un mes en El Fonoll, un pueblo naturista en Cataluña, donde se han tenido que adaptar al estilo de vida de esta joven, que sigue una estricta dieta crudivegana, es decir, que sólo ingiere alimentos crudos como frutas y verduras sin cocinar. Allí han mantenido distintas citas y han superado varias pruebas para formarse como pareja. En uno de estos programas Miguel y Sandra viajaron a Tarifa.

“Siempre me ha llamado la atención poder participar en un programa de televisión. Era una experiencia que me apetecía mucho vivir. Yo ya me había presentado a otros castings. La productora tenía mis datos y me llamaron para éste. Al principio fue una impresión muy grande. Un fuerte shock que tuve que consultar con mi familia y amigos. Nosotros íbamos a conocer a una chica, a conquistarla, a encontrar el amor, pero no sabíamos en qué circunstancias. Los primeros días el tema del nudismo me costó un poco, pero luego te acabas acostumbrado. Lo peor ha sido la alimentación, la dieta crudivegana. He perdido cinco kilos“, explica a este medio el concursante, que además ha vivido estos meses sin electricidad ni agua. “Nos duchábamos con vinagre y bicarbonato, y los dientes con arcilla”, añade.

Confiesa que esta experiencia, participar en un programa de televisión, desnudo en un pueblo perdido en la montaña, le ha enseñado mucho. “A nivel personal he aprendido a combatir prejuicios y a vivir con muy poco. La felicidad se encuentra en lo mínimo. Eso es lo más importante que he aprendido. Estando allí, en el pueblo de Sandra, me he dado cuenta de lo mucho que dependemos del móvil, de la televisión, y allí he sabido valorar salir por la noche a disfrutar de las estrellas y levantarme por la mañana respirando naturaleza, aire fresco. Me llevo también muy buenas amistades”.

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