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Si hay un espacio protagonista en el día de hoy, ese es el camposanto municipal. El cementerio de San José de La Línea es uno de esos rincones de nuestra ciudad donde la sencillez y la pulcritud destacan con especial encanto en un lugar donde se agolpan los recuerdos. Desde La Calle Real recogemos algunas de sus historias y curiosidades por el Día de Todos los Santos.

El compositor José Muñoz Molleda, la poetisa Bely Molla, el flamenco Juanito Maravillas, el archivero honorífico Paco Tornay, el exalcalde Luis Ramírez Galuzo o Juanito el médico, el médico de los pobres, son algunos de los enterramientos más destacados en este camposanto. Alguno de ellos han sido reconocidos como Hijos Adoptivos y Predilectos de la ciudad de La Línea y hoy tienen la oportunidad de ser trasladados al Panteón de los Ilustres. 

El pintor linense José Cruz Herrera, uno de nuestros vecinos más reconocido, también descansa en el cementerio de San José. Su vanguardista túmulo funerario adivina mucho del artista tan avanzado que fue para su época y que hoy en día continúa siendo.

Uno de los panteones que más historia esconde es el de los náufragos del Utopía, un navío británico que navegada desde Nápoles hacia el Nuevo Mundo y que naufragó frente a nuestra costa en 1821. José Martínez Téllez, presidente de la asociación de Protección Histórica Linense (PHL), señala que se trata del mayor naufragio antes del hundimiento del Titanic. Los vecinos de La Línea rescataron muchos de los cuerpos de estos náufragos italianos que hoy descansan en uno de los mausoleos más antiguos del cementerio.

El cementerio de San José, o cementerio nuevo, fue inaugurado en 1906. Antes de esta construcción, la ciudad contaba con un camposanto del siglo XIX en el barrio de Santiago. Los restos que quedaron en el antiguo cementerio fueron exhumados y trasladados a este nuevo camposanto en 1930. El primer cementerio existió a finales del siglo XVIII junto a la ermita de la entonces población, donde hoy se levanta la explanada de la Constitución.

En el momento de su inauguración, el nuevo cementerio de San José quedaba bastante alejado, hasta tal punto que los duelos se despedían en el lugar donde hoy confluyen la calle del Ángel con avenida María Guerrero.

En un principio solo constaba de un patio central que tiempo después se amplió con dos naves laterales de gran amplitud. Existe una parte dedicada para los enterramientos civiles, donde hay un pequeño cementerio judío.