¿Prohibir o limitar el móvil? El dilema de los padres con niños tecnológicos

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A menudo, y cada vez con más frecuencia, los padres de niños y adolescentes se enfrentan a un dilema que origina numerosos debates: el uso del móvil. ¿Se prohíbe o se abre la puerta a su uso pero con limitaciones? Proyecto Hombre trabaja desde 2017 en la prevención y tratamiento de aquellos adolescentes que abusan del uso de las denominadas nuevas tecnologías, ya sean videojuegos o móviles. En la era de los niños tecnológicos, ¿tiene razón de ser prohibir su uso? ¿Deben existir limitaciones al mismo? ¿Cuáles son las señales que nos dicen que se está haciendo un uso problemático de las nuevas tecnologías? Ana Lucrecia Aranda, responsable del área de Prevención de Proyecto Hombre, ofrece algunas claves para orientar a aquellos padres que aún tengan dudas sobre qué deben hacer cuando ponen en manos de sus hijos una máquina de videojuegos o un móvil.

¿Prohibir o limitar el móvil? El dilema de los padres con niños tecnológicos

Descubrimos con Proyecto Hombre Provincia de Cádiz las claves para saber si tenemos en casa un hijo o una hija adictos al móvil o a los videojuegos

Publicada por 8Directo en Domingo, 17 de marzo de 2019

¿Cuándo decide Proyecto Hombre que es necesario intervenir en este ámbito?

Cada vez nos llegaban más perfiles de adolescentes afectados por un uso problemático de las nuevas tecnologías. Nos vimos obligados a darle una vuelta de tuerca porque este perfil demandaba un tratamiento específico. No se trata igual al que consume que al que tiene un problema con las tecnologías. Por otro lado, nos empezaba a llegar una demanda de los centros educativos y una preocupación evidente del profesorado que no se veía capacitado para abordar el tema. De ahí que iniciáramos el trabajo con el programa Intégrate, en el año 2017, para impartir talleres con niños y familias en colegios, institutos y universidades.

¿Cuál es el la filosofía del programa Intégrate?

Recuperar un estilo de vida saludable. No somos partidarios de eliminar las tecnologías sino de incorporarlas con otras acciones como deportes, amigos o espacio familiar en casa. Que el chaval controle el abuso y se proteja ante un uso inadecuado y saque todo lo positivo que hay en ella. No demonizarnos la tecnología, forma parte de nuestra vida, y hay una generación que ya ha nacido en esa realidad, que es tecnológica desde el origen; pero hay que regular hasta dónde y, sobre todo educar a las familias para que sepan que estamos hablando de un ente muy poderoso.

En Proyecto Hombre no le llamáis adicción.

Las tecnologías reúnen todas las condiciones para ser lo más en la vida de un adolescente. Inmediatez, audiovisual. Sin embargo, el abuso del móvil no está considerado como una adicción, solo se recogen como ludopatías los juegos online y las máquinas tragaperras. Hablamos de conductas adictivas y de perfiles muy parecidos a una persona que está consumiendo alguna sustancia. Pero no llamamos adicto a un adolescente por nuestra visión humanista y nuestro objetivo de recuperar a la persona. Nuestro interés es conocer qué cosas han pasado en tu vida que te han llevado a descontrolar, ya sea en el consumo de una sustancia o en el uso de tecnología. La falta de control del impulso te lleva a ello y eso, unido a una educación permisiva, favorece el consumo. El chaval que tiende a no respetar normas, que no tiene responsabilidades, que lo quiere todo rápido y sin esfuerzo se dirige a un lugar que no le beneficia si, además, se encuentra con un sistema familiar sin límites claros, constantes y coherentes.

Ana Lucrecia, responsable de Prevención de Proyecto Hombre.

¿Cuál es el perfil del menor que abusa de las tecnologías?

El niño tecnológico suele ser un niño bastante inteligente, en muchos casos asociado a hiperactividad, de corta edad, trece o quince años, varón y que descontrola sobre todo en el tema de videojuegos. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de un período de inmadurez donde el adolescente tiene poco trabajado el control de impulsos y es muy vulnerable, con pocas habilidades sociales, y lo que hace es escudarse en una pantalla. Hay que tener claro que el adolescente va a crecer con el móvil, que necesita el móvil puesto que se ha convertido en una herramienta que le va a ayudar en su autoestima. Los likes son una manera de recibir el refuerzo del grupo de iguales y esto es muy importante en una época llena de vulnerabilidades y de complejos. El adolescente necesita formar parte de un grupo, necesita sentirse reforzado por ese grupo. Si quitas a un adolescente el móvil lo matas, es contraproducente porque lo dejas fuera de su ámbito. Pero hay que enseñarle que tiene que hacer un uso responsable. Hay que trabajar en frustración, saber que me gustaría hacer algo pero que no puedo porque tengo otras obligaciones. Como adolescente tengo que aprender a aguantarme esos sentimientos, a ser responsable, y eso es algo que se tiene que ir trabajando todos los días. En nuestras sesiones hablamos siempre del no terapéutico. Esto es, cada día, nuestros hijos deben recibir un no. Esto es fundamental porque estamos en una sociedad basada en el éxito, en la inmediatez, en lo visual, en la imagen. Y los jóvenes han de saber que la vida no es esa. Que habrá cosas que consigan, y otras que no.

¿Cuándo podría decirse que se ha pasado de un uso normal a un abuso de las tecnologías?

Si te quedas en las horas que están expuestos, mejor ni contarlas. Nosotros hablamos siempre de una serie de indicadores que nos hacen ver que puede haber un problema. Por ejemplo, cuando se produce un aislamiento social y familiar o no hace las actividades que hacía antes. Si existe fracaso escolar, cambia sus hábitos, no hace ninguna actividad física, se le altera el ánimo, falta al respeto, está irritable, te engaña, está conectado de madrugada, se salta las normas o muestra conductas agresivas a la hora de retirarle el aparato… Todo eso nos indica que está pasando algo.

¿Cuántos niños estáis tratando actualmente?

Ahora mismo tenemos a 14 niños de toda la provincia en tratamiento en nuestro centro de Jerez. Esta cifra se eleva a medio centenar si incluimos a todos los que participan del Proyecto Joven, y que aglutina a niños que vienen por tres vías: los niños tecnológicos, los niños con problemas de consumo, y por comportamiento. Estos ni siquiera consumen, pero si no se les pone ya los límites empezarán a consumir en dos o tres años.

¿Cómo es el trabajo que realizáis en Proyecto Joven?

Se trabaja como con otro tipo de adicciones, con el menor y con la familia, y en tres áreas distintas: comportamiento, sentimientos y reinserción o vuelta al entorno. En la primera parte vemos cuál es la estructura de horarios, las responsabilidades, qué hábitos saludables tiene y marcamos un horario para estudiar y salir. Luego estudiamos todos esos comportamientos que traen, ya que suelen ser mentirosos y manipuladores, lo que nos obliga a trabajar en el empoderamiento de la familia, que viene desgastada o con problemas de pareja. El objetivo es llevarlos a todos en una misma línea porque a veces sucede que los padres tapan a sus hijos y no toman conciencia de que existe un problema. Una vez concluye esa primera fase, se pasa a otra de relaciones familiares y sentimientos. Cada comportamiento viene asociada a un sentimiento. Algo ha pasado, tanto en casa, como en la persona, y tenemos que ver qué ha ocurrido en una etapa algo más profunda. Cuando está identificada toda esa estructura, se va dejando que esta familia y el chaval estén más tiempo fuera y ya nuestro cometido es ir supervisando. Hasta que llegamos a este momento puede pasar hasta un año.

¿Cuál es el problema que más os preocupa ahora?

El tema de las tecnologías es una problemática tipo iceberg. Es más grande lo que no se ve que lo que huele mal. Solo vemos los perfiles extremos y el resto lo estamos normalizando. Pero las apuestas deportivas también nos interesan mucho. Los chavales se están reuniendo para apostar en plataformas online, evidenciando que tenemos una futura camada de ludópatas. Las casas de apuestas frente a colegios o universidades nos empieza a preocupar porque, como además son expertos en informática, tienen acceso a muchas vías para financiarse, como por ejemplo, coger las tarjetas de crédito de sus padres.