“A La Línea no se le presta la atención que merece. Pero aquí estaremos los linenses para defenderla”

806
Foto: Manolo González.

Implicada activamente en el tejido social de este pueblo, como ella lo llama, María Luisa Gómez Almansa, Luli para los amigos, es una de esas personas que vaya a donde vaya, sea cuando sea, es conocida y muy querida por la gente de esta ciudad. El mismo cariño que ella siempre regala, o mejor, pregona. Ni uno, ni dos, ni tres, Luli Gómez ha pronunciado hasta siete pregones. En 2006 fue la primera pregonera del camino de la hermandad del Rocío de La Línea. En 2008 anunció La Salvaora. En 2011 protagonizó el pregón del costalero y el del Rocío. En 2014 exaltó a la Señora de la Salud y en 2017 a la Esperanza. Este año ha puesto voz a la Semana Santa.

Luli Gómez ha sido nazarena, costalera y fue una de las primeras mujeres en participar en órganos de decisión como la Junta de Gobierno de su hermandad y el Consejo Local de Hermandades y Cofradías. Abrió camino en la Semana Santa de esta ciudad y contagió a su marido, Pedro Rosado, cuando tan sólo eran unos críos, del sentimiento cofrade más profundo. Un sentimiento movido por la fe. Una fe que manifiesta no sólo en la Semana de Pasión sino también en el Rocío. Familia muy conocida en el mundo cofrade y rociero de la ciudad, regentan un icónico establecimiento, La Chicotá. Allí, en aquel museo embriagado por el olor a incienso, conocemos a Luli Gómez; cofrade, rociera, saetera y sobre todo pregonera.

Luli, de La Línea de toda la vida ¿Cómo recuerdas tu infancia y adolescencia?

Guardo unos recuerdos muy entrañables. Tuve una niñez muy bonita y feliz. Éramos muchos hermanos, fuimos siete, aunque ahora desgraciadamente quedamos cinco, y la casa siempre estaba llena. Era un hogar alegre y lleno de luz. Siempre estaban las puertas abiertas y entraba mucho el sol. Tengo unos recuerdos muy cálidos. Nací en un patio de vecinos de la calle Vista Alegre y allí todos éramos una gran familia. Allí no se cerraban las puertas, entrabas y salías de una casa a otra como si fuese tuya. Los patios de vecinos de aquí de La Línea se convertían en grandes familias. Luego más tarde nos mudamos a la calle Albéniz, justo enfrente, a una casa que hizo mi padre en un terreno al lado de mis abuelos. He crecido toda mi vida en ese barrio. Incluso cuando nos casamos Pedro y yo, la primera casa donde vivimos fue en la calle Albéniz.

Ya van siete pregones los que has pronunciado. Este año el de Semana Santa. ¿Cómo has vivido esta experiencia?

Me costó mucho hacerlo. Al contrario de lo que la gente piensa no tengo facilidad para sentarme a escribir. Hay quien escribe muy rápido y a mí me cuesta mucho, darle vueltas a la cabeza y poner un cernidor. Entre el trabajo y la casa tampoco tengo mucho tiempo y es un esfuerzo que tengo que hacer. Un esfuerzo añadido de quitarme sueño por las noches pero que lo hago con muchísimo gusto. Al principio, cuando el presidente del consejo me dio la noticia, mi reacción fue de un poco de miedo. En un pregón de Semana Santa te diriges a los cofrades, a gente entendida en la materia, y eso es mucha responsabilidad.

¿Cómo has abordado este nuevo pregón?

Me lo he pesando mucho. He dedicado mucho tiempo a pensar en cómo lo iba a calzar, buscando el hilo conductor de cómo lo quería contar. Teniendo en cuenta que la Semana Santa incluye a todas y cada una de las hermandades y cofradías, no he querido dejarme llevar por mis sentimientos más profundos. A mí me encanta toda la Semana Santa, pero una siempre tiene sus devociones. Y no he querido dejarme llevar excesivamente por lo que a mí me resulta más cercano o lo que vivo más adentro. He querido dar una visión mucho más general de lo que es la Semana Santa.

Pregonera de la Feria, el Rocío y la Semana Santa. Muchas de estas fiestas tienen un denominador común: la fe. ¿Qué significa para ti la fe?

La fe para mí es muy importante, marca muchísimo mi vida. Soy una persona que me agarro mucho a eso. Hay días en lo que a lo mejor no te acuerdas o no estás constantemente pensado en ella. Pero en mi vida me ha servido mucho tener fe, sobre todo en momentos complicados. Tener fe es un gran consuelo. Cuando me faltó mi hermano la fe me ayudó mucho a superar ese momento. Practico la fe día a día, creo en Dios y en su Santísima Madre, es así de fácil.

“En mi vida me ha servido mucho tener fe, sobre todo en momentos complicados.Tener fe es un gran consuelo”

¿Qué es para ti la Semana Santa? ¿De dónde te viene ese sentimiento cofrade?

Me gusta la Semana Santa desde muy niña. Y no es que me venga de familia. Mis padres son creyentes pero no han sido cofrades. No sé de dónde me viene, pero es algo que me acompaña desde siempre, desde muy pequeña. La Semana Santa para mí es un sentimiento muy profundo, una manifestación pública de fe. Para mí no es sólo un acto cultural donde las imágenes salen a la calle, es mucho más que eso, es algo más intenso. Es una estación de penitencia donde los cristianos creyentes manifestamos nuestra fe. He pertenecido a la hermandad de Penas y Dolores. He estado en la Junta de Gobierno de mi hermandad y en el Consejo Local de Hermandades y Cofradías por un periodo de tiempo. Fui una de las primeras mujeres que entró en este tipo de órganos. También pertenezco a la hermandad de San Pedro.

¿Ha cambiado el papel de la mujer en la Semana Santa?

Sí mucho. Ha sido un cambio abismal. Cuando yo empecé la mujer era la que planchaba la ropa o la que pinchaba las flores. Era el papel de una mujer hacendosa, con poco poder de decisión. Sí que se vivía la Semana Santa intensamente, pero sólo como espectadora. A finales de los ochenta, principios de los noventa, la cosa empezó a cambiar y la mujer fue teniendo más voz y voto. A partir de ahí ha habido un cambio total. Y es curioso porque recuerdo que cuando preparé el pregón del costalero encontré en unos archivos que la hermandad de la Dolores, la más antigua de La Línea, fue fundada por mujeres.

¿Cómo ha evolucionado la Semana Santa de La Línea?

Nuestra Semana Santa ha crecido mucho en cuanto a enseres y a imaginería, pero también como que nos estamos durmiendo. No damos un pasito para atrás pero nos quedamos ahí, un poco estancados y habría que darle otro empujoncito. Cuando nosotros empezamos hubo un boom, un gran cambio y todas las hermandades crecieron. Pero ahora estamos un poco atascados. La juventud cofrade tiene que darle un empujón a esto. Es muy bueno que haya jóvenes que se vayan involucrando, implicando. Es la forma de pasar el testigo y que vayan tomando el relevo.

También tienes una estrecha vinculación con el Rocío.

Yo no había pisado el Rocío, no conocía nada de aquello y ya tenía ese gusanillo. Nos juntábamos con gente que nos engulló en eso, como Luis Mañasco, que para Pedro y para mí es un referente de la Semana Santa y el Rocío. Con él empezamos en esto, fuimos de su mano tanto a la Semana Santa como al Rocío. La primera vez que fui al Rocío fue con él y su mujer.

¿Cómo fue aquella primera vez? ¿Qué te pareció?

No me imaginaba que aquello era así, con esas calles de arena parecía el oeste. Y ese ambiente. Me encantó. Desde aquella primera vez ya nunca he faltado. Llevamos yendo al Rocío 37 años. No he faltado a ninguno. Al camino sí he faltado a veces. Primero empezamos haciéndolo con la hermandad de Jerez y cuando empezó a hacerlo nuestra hermandad nos fuimos con ella. Para mí el Rocío es una mezcla de todo, también de fe, porque sin la fe no tendría mucho sentido. Es importante la gente con la que vas, el ambiente en el que te mueves. Hubo un año en el que no iba a ir, cuando nació mi hijo pequeño Pablo. Pero ya se había ido todo el mundo y yo estaba aquí que me faltaba la vida. Aproveché que unos amigos se fueron en el último momento para allá y me fui con ellos. Me llevé a un niño de dos años y a otro recién nacido. Cuando llegué allí ya comencé a respirar.

“Para Pedro y para mí Luis Mañasco es un referente de la Semana Santa y el Rocío”

Sois una familia muy conocida en el mundo cofrade y rociero, y además regentáis uno de los establecimientos más icónicos de la ciudad, La Chicotá.

Esto es producto de lo mismo. De nuestro sentir cofrade. Nosotros frecuentábamos este sitio cuando lo llevaba un enorme profesional como era Césaro. Cuando se jubiló, Pedro pensó en cogerlo y ya le dimos ese nombre y ese enfoque. Llevamos ya 31 años con La Chicotá. Pedro es quien se encarga de sacarla adelante. Yo me dedico a otra cosa, aunque trabajo también en la hostelería, en el Hotel Almenara de Sotogrande.

En la Semana Santa, en el Rocío, en la Feria, siempre os implicáis toda la familia, todos a una. Vuestros hijos también han continuado en este mundo.

Mi familia es lo más importante en la vida. Como para cualquier persona es el bastón en el que te sostienes día a día. Es la fuerza, el motor para vivir. Ver crecer a tus hijos es lo más bonito del mundo, es una alegría inmensa, y después tener la suerte de ver crecer a tus nietos también. Tenemos ya dos nietos y uno que viene en camino. La familia va creciendo y eso es muy tierno. Los nietos también son una alegría, te aportan mucha ternura. Aquí siempre hemos ido todos a una. Hemos llevado a nuestros hijos a todas partes. Éramos y somos cofrades, éramos y somos rocieros, y nuestros hijos se han criado y han crecido en este ambiente. Luego ya de mayores cada uno ha elegido evidentemente el camino que quiere tomar, lo cual me parece muy correcto. José Manuel y Pablo  son costaleros. Pedro también ha sido durante más de veinte años costalero y después capataz.

“Hubo un año que no iba a ir al Rocío. Ya se había ido todo el mundo y yo estaba aquí que me faltaba la vida”

Eres una persona muy implicada en el tejido social de la ciudad. ¿Qué significa para ti La Línea?

La Línea es mi pueblo, porque a mí me gusta decir pueblo más que ciudad, es más entrañable. Nací aquí, he crecido aquí y vivo aquí. Llevo toda mi vida aquí y a mi pueblo lo quiero a morir. Da pena ver la situación en la que muchas veces se encuentra La Línea. Este pueblo ha sido injustamente maltratado durante muchísimo tiempo. No se le presta la atención que merece. Pero aquí estaremos los linenses para defender a La Línea, a nuestro pueblo, siempre que podamos.

¿Qué podemos hacer los linenses?

Creo que podemos hacer mucho. Hay muchos aspectos en los que podemos intervenir directamente. Por ejemplo, en la falta de limpieza. Eso también es mucha culpa nuestra. Una cosa es limpiar y otra cosa es no ensuciar. Desgraciadamente no tenemos esa educación, esa conciencia de cuidar lo nuestro, porque lo nuestro no es sólo de la puerta de nuestra casa para dentro, también lo es nuestra calle, nuestra plaza, nuestro parque y nuestras playas. Donde más se avanzaría es en la educación de los niños. Es importante concienciar a los más pequeños que tenemos que cuidar nuestro pueblo.

“La familia es el bastón en el que te sostienes día a día”

Foto: Manolo González.

Desde la experiencia de tus hijos, tus amigos y conocidos. ¿Qué futuro tienen los más jóvenes en esta ciudad?

Es complicado. Muchos en el momento en el que salen fuera a estudiar ya no vuelven. Para muchos su futuro profesional no está cerca y eso es una pena. Se debería apostar un poco más por ese sitio y generar oportunidades para los más jóvenes. Deberíamos empujar todos en una misma dirección. El pueblo de La Línea a veces es muy conformista y eso sí me choca.

¿Cómo te planteas el futuro?

A seguir como estoy, que Dios nos conceda salud y que pueda ver crecer a mis nietos. Lo único que pido es poder envejecer con salud y tranquilidad rodeada de mi familia, disfrutando de las cosas de las que disfruto ahora.

“Se debería apostar un poco más por ese sitio y generar oportunidades para los más jóvenes. Deberíamos empujar todos en una misma dirección”

Un mensaje para los vecinos de La Línea

Que no nos desilusionemos nunca, que luchemos por lo nuestro y que tengamos dignidad, que no nos avergoncemos nunca de decir de donde somos. En La Línea habrá cosas malas, pero también hay muchísimas buenas. Más que las malas. Lo que pasa que las malas hacen más ruido. Tenemos que ir con la cabeza bien alta, donde quiera que vayamos, presumiendo de ser de La Línea.