El TATUAJE, el arte más vivo del siglo XXI

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Foto: Manolo Glez.

Son muchas las culturas que, en distintos periodos históricos y por diferentes razones, han adoptado el tatuaje como una seña más de su identidad cultural. A veces por motivos religiosos, bélicos, estéticos o incluso medicinales, el tatuaje ha llegado hasta estos días como una práctica milenaria que se ha instalado en la sociedad actual como una forma de expresión artística más. Un arte complejo, exclusivo y sobre todo muy vivo.

Si Miguel Ángel esculpió la belleza y perfección del David sobre un enorme mármol blanco, Da Vinci retrató a la misteriosa Gioconda y Van Gogh expresó su estado de ánimo a través de Los Girasoles, hoy los tatuadores, estos artistas del siglo XXI, esculpen sobre la piel y encuentran en una espalda, un brazo o una pierna, el mejor lienzo en blanco para inventar y crear. Lejos de exponer estáticos proyectos en museos y galerías de arte, ellos muestran su manejo con la aguja y la tinta en las calles, en cada una de sus obras vivas y andantes. 

Foto: Manolo Glez.

Tan compleja como singular, la técnica del tatuaje goza estos días de gran popularidad. Una buena publicidad a la que ha contribuido la televisión, famosos deportistas y la actual moda urbana. “Hubo una época en la que todo esto se veía mal. Pero ahora está más aceptado y te puedes encontrar a un director de banco que, cuando va a la playa y se quita la ropa, está lleno de tatuajes”, destaca Luis Mendoza, propietario del estudio Black Dragon Tatoo, en La Línea, y uno de los tatuadores con mayor trayectoria en el Campo de Gibraltar. Recibe clientes de toda Andalucía, España y otros países europeos. 

Sin embargo, a pesar de lo mucho que ha ayudado la televisión y la publicidad en la aceptación del tatuaje como una forma más de expresión, todavía existe cierto clasismo y desprecio a ello. “En muchos trabajos todavía exigen que te cubras los tatuajes y no lo entiendo, la verdad. Es sorprendente que todavía pase esto. Seguimos socialmente excluidos”, señala Lola Alto de Lola Tatoo Estudio, en San Roque, y una de las primeras mujeres tatuadoras en esta comarca.

Luis Mendoza. Foto: Manolo Glez.
Lola Alto. Foto: Manolo Glez.

Más allá de lo estético, el tatuaje es además una técnica que se acerca mucho a la salud mental, al bienestar emocional de los tatuados. “Mucha de la gente que viene al estudio necesita más un psicólogo que un tatuador”, comenta Luis Mendoza. Son muchas las horas que se pasan conversando y conociendo al cliente, un lienzo en blanco. “Trato de entenderles, de saber qué es lo que quieren, de aconsejarles. A veces hasta les quito las ganas de tatuarse, sobre todo a los más jóvenes. Como cuando me viene un niño de 14 años que se quiere tatuar el brazo entero. Le digo: ‘Mira, es que tú no eres Sergio Ramos’. O como cuando se tatúan el nombre del novio o la novia. Llevo años tapando esos tatuajes”, añade.

“Mucha de la gente que viene al estudio necesita más un psicólogo que un tatuador”

Algo en lo que coincide Lola Alto, en este componente terapéutico del tatuaje y a lo que sus amigas le llaman ‘psicotatoo’. “En este trabajo tienes que saber escuchar. Aquí pasamos muchas horas. El cliente te habla, te cuenta por qué se quiere hacer ese tatuaje. A veces no sabe cómo expresarlo y nosotros tenemos que hacer de su canal de expresión. Las personas lo utilizan un poco como terapia”, subraya Lola. 

Y es que el tatuaje no sólo sirve de catarsis emocional, como recuerdo de un momento o sentimiento concreto, o simplemente como un motivo estético, sino que también se utiliza con un objetivo terapéutico. “El tatuaje ayuda a muchas personas a subir su autoestima. Trabajamos mucho tapando cicatrices y estrías, por ejemplo”. Así como la reconstrucción de aureolas por micropigmentación en pacientes con cáncer de mama. También existen los llamados “tatuajes que salvan vidas”, con los que los alérgicos, diabéticos y otros enfermos crónicos se tatúan su condición a tener en cuenta en caso de emergencia. 

Foto: Manolo Glez.

Una profesión, entre lo estético y lo sanitario, en la que cada día hay más intrusismo. Según denuncian, sólo en el Campo de Gibraltar hay unos 80 tatuadores ejerciendo sin las autorizaciones y licencias requeridas. Para Lola Alto existen además muchos vacíos legales entorno a esta profesión. “No estamos reconocidos como deberíamos. Ahora mismo estamos regulados por la estética pero no somos estéticos. Nosotros tenemos más que ver con la dermatología artística, con la rama de la enfermería. Manejamos muchos temas sanitarios. Tenemos que trabajar a unos niveles casi de hospital, pero además trabajamos el arte cien por cien. Tendría que haber algo que uniera las dos fórmulas. Y esto debería empezar con una formación reglada. Ni siquiera hay una formación como la de peluquero o estético. Necesitas dos años para aprender a cortar el pelo pero no para trabajar en esto, que es algo además sanitario”. Luis y Lola, que llevan más de 25 y 13 años tatuando, explican que aprendieron este oficio despacito y con buena letra, siempre bajo la supervisión de alguien más experimentado. “Yo al principio ni cobraba, hacía tatuajes muy pequeños y siempre bajo la tutela de alguien que sabía más que yo”, apunta Luis Mendoza.

“Lo que no veo normal es que porque no tengas otra cosa que hacer y pienses que los tatuadores nos hacemos ricos; que no los somos para nada, sino que curramos mucho, los materiales homologados cuestan una pasta y el tatuaje es caro porque te estamos haciendo algo exclusivo en tu cuerpo, pues que no paro de ver fotos en Instagram de gente tatuando en sus casas y otros que presumen de ‘mi primer tatuaje’ y lo que le acaban de hacer es joderle la vida a esa persona. Ahora que el tatuaje está de moda todo el mundo quiere sacar cacho. Las academias sacan cursos de cuatro días para aprender a tatuar, mientras que yo estuve cinco años en Bellas Artes y luego no paré de hacer cursos y estudiar. Llevo toda mi vida formándome, tengo más títulos que la Duquesa de Alba”, añade Lola Alto.

Foto: Manolo Glez.

“No SOMOS MARRONEROS, SOMOS ARTISTAS QUE TRABAJOS EL ARTE EN LA PIEL”

¿El secreto para ser un buen tatuador? Luis lo tiene claro: tener empatía. “Para tatuar no sólo tienes que saber dibujar, sino dar consejos a la gente. Hacer tatuajes no significa ser un buen tatuador”. El dominio del dibujo es otro aspecto fundamental. “Es muy importante controlar el dibujo. Si dominas el dibujo lo que estás cambiando en realidad es la técnica. Si ya tienes una base y estás seguro de tu forma de dibujar, luego todo es más fácil”, subraya Lola. 

Con empatía, técnica y honestidad, estos dos tatuadores profesionales aconsejan a todo aquel que esté pensando en tatuarse que “no lo haga por moda, porque lo lleve un famoso, un futbolista, una cantante o una actriz. El tatuaje es algo personal que habla de ti“, destaca Luis. Algo que Lola Alto completa con la importancia de dejar aconsejarse. “A mí me dicen mucho: ‘Siempre terminamos haciendo lo que tú quieres’, pero es que realmente se hace lo que se tiene que hacer. Si te quieres hacer un tatuaje en un determinado sitio a lo mejor no es la zona adecuada, tienes que mirar un poco la fisionomía de tu cuerpo. El cuerpo tiene ya una forma, una dirección, y yo lo que hago es componer un cuadro en tu cuerpo. Si contratas a un arquitecto para una obra, él te va a decir donde poner las vigas y yo te voy a decir donde poner el tatuaje”. 

“Hacer tatuajes no significa ser un buen tatuador”

El tatuaje como forma de expresión y de arte es la práctica artística más compleja, en la que se trabaja sobre un formato vivo, cada uno con un tipo de piel concreta. “Es una profesión muy bonita y deberían tenernos en cuenta ya de otra forma porque no somos marroneros, somos artistas que trabajamos el arte en la piel”. El arte más vivo del siglo XXI.

Lola Alto Enríquez


Lola Alto Enríquez, que acabó descubriendo el mundo del tatuaje casi de casualidad, es una de las primeras mujeres tatuadoras del Campo de Gibraltar. Especializada en la rama artística y el realismo, aunque asegura que ante todo le divierte ser versátil, cuenta con más de 13 años de experiencia en su estudio Lola Tatoo Estudio, en San Roque. También es evaluadora de acreditaciones para ejercer como tatuador. Ha dado clases de dibujo y pintura en la Universidad Popular de San Roque.

Estudió Bellas Artes y proyectó su carrera hacia la Educación. Tras concluir su formación universitaria y sin ninguna pretensión por dedicarse al tatuaje, realizó el máster de profesorado y se dedicó a enseñar arte a los más jóvenes. “Me acuerdo que los alumnos me decían: ‘Maestra pues con lo bien que dibujas tienes que tatuar muy bien’. Y la verdad es que me gustaban los tatuajes, pero nunca se me había pasado por la cabeza”.

La mente inquieta de Lola le llevó a interesarse y acabar descubriendo, por qué no, una rama artística que desconocía por completo. “Me despertó la curiosidad. Igual que había hecho otro tipo de formaciones, hice un par de cursos en Madrid de tatuajes, de higiénico sanitario y demás y así empecé”.

Comenzó tatuando en el centro estético al que acudía asiduamente. Allí fue probando, aprendiendo, estudiando y descubriendo poco a poco una profesión que no se le daba tan mal. “La gente me fue llamando cada vez más y más y, sin pretensión ninguna, sin que esto en principio fuese mi sueño ni nada, me vi empujada a montar mi propio estudio”.

Y ahí sigue, después de 13 años. “Es un trabajo muy bonito, si no, no llevaría tantos años. Los mismos clientes, por su fidelidad, también me hacen continuar. A muchos de ellos les he tatuado enteros y son algo así como mis hijos. Les digo: Tienes ya más tinta que ADN. Ya eres casi más mío que de tu madre. Este es un trabajo muy duro, muy tenso, que exige mucha concentración, pones mucho de ti y cuando terminas acabas extasiado, pero luego ves esa felicidad en el cliente que te atrapa. Los trabajos en los que pones mucho corazón te acaban enganchando”.

Luis Mendoza


Luis Alexander Mendoza es uno de los tatuadores con mayor trayectoria y experiencia en el Campo de Gibraltar, donde desde hace más de 25 años tatúa los cuerpos de clientes que le llegan no sólo de esta comarca y la provincia, sino de otros puntos de Andalucía y España, incluso del extranjero. Su agenda de citas está ahora mismo cerrada para los próximos siete meses.

Nació en Portugal, lo que justifica el apodo por el que le conocen algunos, ‘Luis, el portugués’. Con un año y medio se trasladó con su familia a Gibraltar y desde los ocho años vive en La Línea. Aprendió el oficio de la mano de un experimentado tatuador del Peñón, con quien durante más de cuatro años aprendió todo lo que se debía y no debía hacer en esta profesión. Más tarde montó su propio estudio en La Línea: Black Dragon Tatoo.

Conoció este mundo tras una mala experiencia. “Estuve trabajando siete años para una empresa, para una tienda de vaqueros muy conocida que se fue a la quiebra y me quedé con una mano delante y otra detrás. Siempre había tenido en mente hacer algo diferente y ser autónomo y ahí fue donde entendí que tenía que empezar a trabajar para mí. Un cliente ya me había ofrecido que si alguna vez quería aprender a tatuar él me enseñaba y así empecé. Era algo que siempre me había gustado, que me llamaba la atención. Al principio estuve trabajando sin cobrar y aprendiendo al mismo tiempo”.

Hoy, especializado en el realismo, los retratos, lo artístico y “los arreglos”, como él lo llama, es uno de los tatuadores más consagrados de la zona y recibe clientes no sólo del Campo de Gibraltar, Gibraltar y la Costa del Sol, sino de Reino Unido, Francia y Alemania. “Muchos aprovechan sus vacaciones para pasar unos días aquí en la zona mientras les tatúo”.

Los primeros tatuajes de Luis fueron el símbolo Om y un pequeño trival. Hoy es capaz de tatuar piernas, brazos y espaldas enteras. En su estudio cuenta además con una compañera que se encarga de los piercings, otra que tatúa a mano (hand poke tatoo), un profesional que elimina tatuajes por láser y una secretaria.
Foto: Manolo Glez.
Foto: Manolo Glez.

Este artículo fue publicado en el número 2 de la revista SIROCO de diciembre de 2020.