La otra cara de las hermandades

Las hermandades y cofradías han multiplicado sus acciones sociales ante la pandemia de COVID-19 y sus efectos · En La Línea, las hermandades de dos barrios especialmente castigados, Junquillos y San Bernardo, han atendido en los peores meses de la pandemia a 500 y 200 familias respectivamente.

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Multitud de fieles esperan su turno para visitar a los titulares de Amor y Esperanza. Este Viernes Santo en la parroquia de San Bernardo, La Línea.

Si hay algo que los cofrades no se cansan de repetir estos días de Semana Santa es que las hermandades no son solo un día al año. Una muestra de ello han sido estos complicados meses en los que, ante la pandemia de COVID-19 y sus efectos socioeconómicos, las distintas cofradías y hermandades del Campo de Gibraltar han multiplicado sus acciones sociales.

“La caridad es uno de los pilares más importantes en una hermandad”, señalaba a este medio Juan José Correa, presidente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías de La Línea de la Concepción, que a principios de esta Semana Santa recordaba y aplaudía también la otra cara de las hermandades: la de la importante labor social desarrollada en estos duros meses de pandemia.

“No se ha parado en todo el año”, han destacado los distintos hermanos cofrades que durante esta semana han compartido unos minutos con los micrófonos de 8Directo. No importa la hermandad, el barrio, de qué forma o por qué circunstancia. Allí donde ha hecho falta, se ha estado. A las tradicionales campañas de recogida de juguetes por Navidad, este año se han sumado distintas acciones continuadas de recogida de alimentos y productos de primera necesidad, de ropa y otros enseres, una aportación económica para pagar las facturas, un plato de comida caliente o simplemente el hacer la compra y acompañar los más vulnerables, los mayores.

En algunas barriadas especialmente castigadas por los efectos de esta pandemia, como Los Junquillos y San Bernardo, las hermandades, a través de sus grupos jóvenes, vocalías de caridad y sobre todo las distintas Cáritas parroquiales, se han convertido en un verdadero salvavidas. En Los Junquillos, la hermandad del Abandono y Mayor Dolor pasó de atender a 170 familias, antes de marzo de 2019, a más de 550 durante los meses más crudos de la pandemia. “Aquí no hemos tenido estación de penitencia en la calle, pero hemos pasado unos momentos muy duros, una estación de penitencia particular. Aunque afortunadamente la presión ya ha bajado, pasamos de atender 170 familias a más de 550. Hemos doblado esfuerzos y ruegos para poder llegar a todos”, explica Fran Fernández, hermano mayor de Abandono y Mayor Dolor.

En San Bernardo, otro barrio vulnerable al que los efectos del COVID-19 también ha hecho temblar especialmente, la hermandad de Amor y Esperanza llegó a atender a cerca de 200 familias en los peores meses de la pandemia. Así lo destaca Juan Gómez, hermano mayor de esta hermandad:”Desde que empezó la pandemia nos tocó dar un pasito hacia adelante y hemos hecho mucho trabajo de caridad, algo que siempre ha habido en las hermandades. Que a nadie le faltara al menos un plato de comida”.

Una familia visita la Virgen de la Esperanza, expuesta este Viernes Santo en la parroquia de San Bernardo.